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Hace veinticinco años sembré en el patio trasero de mi casa una semilla de cereza. Poco a poco fue creciendo y tomando forma.

 

Decidí dejar crecer el arbusto hasta una altura de dos metros para que resultara fácil coger las deliciosas cerezas que algún día iba a producir. Con el paso del tiempo el arbusto fue creciendo y superó los tres metros de altura.

 

Me pareció que todavía era una altura apropiada para inclinar las ramas y coger las cerezas. Un día observé que las ramas estaban pasando ya a los patios traseros de mis vecinos.

Las ramas altas (1)

Durante la poda salió una gran cantidad de ramas cortadas y tuve que dedicar tiempo extra para cortarlas en pedazos suficientemente pequeños de manera que pudiera empacarlos en bolsas para la basura. 

 

Esto se ha repetido varias veces cada cierto tiempo desde hace unos diez años. Y el árbol ya ha superado los cinco metros de altura.

Quise podarlas, pero encontré que la altura y el grosor de las ramas hacían difícil la labor.


Tuve que comprar herramientas y vestuario adecuado para evitar heridas y riesgos.

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