La torta de mandarina

Este relato no está basado en hechos reales

Una señora entraba diariamente a una cafetería y pedía un capuchino con una tajada de torta de mandarina. Todos los días llegaba a la misma hora, se sentaba en la misma mesa y hacía el mismo pedido: un capuchino con una tajada de torta de mandarina.

 

A veces iba con otras personas y se sentaban a conversar muy animadamente. En ocasiones le sugerían probar otras tortas con el capuchino, pero ella siempre decía que la torta de mandarina era su preferida.

 

Cuando no había, simplemente tomaba su capuchino, pero recomendaba muy especialmente que tuvieran siempre disponible para ella, una tajada de torta de mandarina. Cuando llegaba a su casa, algunas veces trataba de preparar varias recetas para la torta, pero descubrió que lo que más le gustaba y le atraía muy poderosamente era ir a la cafetería y pedir su capuchino con torta de mandarina.

Con el tiempo, la fuerza de la costumbre hizo que los empleados de la cafetería tuvieran disponible en la vitrina una torta de mandarina, porque notaban que la señora entraba siempre con cierta ansiedad, como con un desasosiego, preguntando por la misma torta.

 

Este desasosiego iba desapareciendo paulatinamente a medida que ella veía aproximarse al mesero con el pedido acostumbrado.

 

A veces los empleados de la cafetería notaban que, cuando no era posible elaborar la torta de mandarina, la señora se sumía en un silencio extraño, aunque estuviera acompañada de otras personas.

 

Permanecía rígida, seria, como ida de la conversación. No había forma de ayudarla a salir de ese sopor, de esa especie de embotamiento que la invadía y se reflejaba inmediatamente en la mirada perdida dirigida hacia el piso.

A medida que pasaba el tiempo, la señora parecía depender cada vez más del capuchino y de la torta de mandarina. La situación comenzó a afectar seriamente el ambiente y el ritmo de trabajo de todo el personal de la cafetería.

 

Finalmente, cuando el dueño ordenó suspender la elaboración de esta torta porque, increíblemente, esto también ya estaba ahuyentando a los clientes tradicionales, la señora no volvió a la cafetería y se encerró en su casa, se rehusó a recibir visitas, no volvió a contestar el teléfono y nadie supo más de ella.

 

O, mejor dicho, sí. Una vecina, extrañada de la ausencia de la señora, se empeñó en averiguar por su paradero, y, al forzar la puerta de su residencia, la encontró tendida en el piso de la sala. En su mano

había una nota sin terminar, que decía:

 

  "........................................"

 

¿Qué decía la nota? Imagina y comparte!!

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