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Las fuerzas políticas y los diferentes estamentos del país se ven abocados a plantear y afinar criterios para avanzar en la construcción de propuestas que superen las diferencias entre los protagonistas de los acuerdos y los nuevos actores que han surgido a partir de la victoria del NO en el plebiscito. Es un escenario complejo, más no imposible de modificar. Será una oportunidad de apreciar quién es quién realmente, a la hora de sopesar argumentos en beneficio de la realidad nacional. Por lo pronto, el plebiscito entra a oxigenar un proceso que venía generando duda, incertidumbre, desconfianza e incredulidad en muchos colombianos. El NO indica claramente que faltó transparencia, información y participación en el momento de llegar a acuerdos verdaderamente convenientes para el país. La atención se centra ahora en quiénes van a participar en los encuentros de diálogo y qué van a discutir. 

Atrás quedó la pugna entre los “defensores” y los “enemigos” de la paz. Curiosamente, el NO está suscitando alternativas de encuentro y expresión que no se habían contemplado. Son giros inesperados que no se hubieran dado de otra manera. Se están generando espacios impensables antes del plebiscito y eso es muy bueno, saludable para el ejercicio pleno de los derechos fundamentales de los ciudadanos. Probablemente surgirán puntos de vista intermedios y otros alternativos en busca de un consenso que debe ser nacional. A la par de los nuevos escenarios de diálogo, deberán crearse mecanismos que eviten polarizaciones como las recientemente vividas, así como mecanismos que permitan evitar ambigüedades en la interpretación y aplicación de los puntos pactados. Nada más inconveniente que el uso de un lenguaje impreciso acompañado de vacíos metodológicos que pueden ser objeto de manipulación mediática.
 

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