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100 desafíos para lograr la mejor versión de tí mismo(a)

Desafío 8(a): 

Involucrarse solamente en conversaciones amables

Este es el comienzo de un nuevo tema. Cada primer día de una nueva semana comienza con una breve enseñanza.
 
Una pregunta más fundamental basada en el pasaje de la Escritura es, cuál es nuestra intención real en una conversación.  ¿Entramos en ella apoyados en la oración, ansiosos de edificar a la otra persona, reconociendo las cosas buenas que vemos en ella y beneficiando a otros, aportando ideas útiles, o usamos la conversación a menudo para “desahogarnos”, o disfrutar sentirnos superiores a través de chismes?
¿Qué hay de las anécdotas sobre los actos del "enemigo", como el "jefe" o los políticos?

Kierkegaard, el gran existencialista luterano danés, escribió:
 
"los pecados de los demás deben hacernos llorar, en lugar de chismosear".
Ridiculizar tampoco es algo amoroso; ¿lo es, incluso si la persona no está presente?
​Cuando hablamos, ¿nuestra voz es tan baja, que los demás (especialmente personas mayores con pérdida de audición) tienen que esforzarse para poder entendernos? ¿Fallamos en mostrar interés por las otras personas, permaneciendo principalmente como espectadores silenciosos?
O, ¿hablamos demasiado, dominando la mayoría de las conversaciones? ¿Son nuestras voces excesivamente fuertes y molestas, o ásperas? Por el lado positivo, ¿qué hay acerca de decir bromas para animar a otros, o para cambiar el tema cuando algo no es tan bueno?

¿Nuestra conversación siempre está llena de "yo" y "a mí", en lugar de compartir amablemente los pensamientos, sentimientos y sabiduría de los demás?
¿Surge a menudo en nuestras conversaciones diarias el nombre sobre todo nombre, Jesús?
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