Formación para novios y esposos

¿La cruz del matrimonio? (7)

aceptación, genuina comprensión, comunicación sana y superación de crisis.

Los cambios de la manera de ser tienden a ser lentos y a tener retrocesos esporádicos. Es algo inevitable y no significa que esto sea negativo, sino que indica la necesidad de perseverar hasta que la frecuencia de las recaídas disminuya progresivamente y la fuerza de su manifestación vaya decreciendo en la misma proporción.

 

Si el mismo Señor afirmó que cargar la cruz propia es un requisito para seguirlo, entonces esa circunstancia debe tener algo bueno. El seguimiento de Jesús comienza en esta vida y termina en la eternidad, en el cielo. Es posible que el sufrimiento constructivo de cargar la propia cruz constituya un seguro de especial protección para no desviar el camino.

Desde la perspectiva matrimonial, el esfuerzo de los esposos por hacer los ajustes y cambios necesarios para construir su propia felicidad y al mismo tiempo para caminar cada vez más en la senda de la santidad, puede constituir una protección fuerte contra enemigos y riesgos de la felicidad matrimonial.

 

La cruz no consiste en ser sádicos, masoquistas, resignados, verdugos o víctimas, sino en reconocer, aceptar y vivir el esfuerzo que implica cambiar interiormente por amor al esposo(a) y a Dios, sabiendo que el resultado desbordará con creces todo sufrimiento momentáneo.

¿En qué situación se encuentran los matrimonios con respecto a este punto?

¿Qué han identificado ellos como su propia cruz?

 

¿Cómo entienden lo que significa cargar esa cruz? ¿Tal vez la relacionan con tener que soportar los defectos del esposo(a)? ¿O creen que es aceptar con resignación los fracasos y golpes de la vida? ¿Cargan su cruz con amor, ilusión y esperanza?

 

“… y me siga …”

 

La vida de Jesús es el modelo de vida para todos los católicos. Esto significa que también, como Él,  experimentaremos momentos de alegrías y tristezas, sufrimientos y gozos. Seguir a Jesús consiste en desarrollar un estilo de vida propio que incluya todo lo que Jesús ha mostrado con Su vida. Él amó a su Iglesia hasta entregar su vida por ella.

Fácilmente podemos entender desde la perspectiva matrimonial que el amor no solo ha de purificarse sino que ha de crecer, en lugar de agotarse. Dios obra en el matrimonio inspirando, bendiciendo, supliendo lo que cada cónyuge no alcanza a dar de sí, para que la provisión de amor se conserve y se multiplique.

 

Cel.: (57) 301 736 6768  -  (57) 315 405 9409

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